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Para
que un proceso de coaching tenga efectividad,
sobre todo se necesita continuidad. Por ello el
contrato es de un mínimo de tres meses,
a razón de unas 4 sesiones
mensuales (una a la semana suele ser lo
habitual, y el pago se realiza mensualmente).
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Todo
depende también de cómo es la persona,
y qué objetivo se marque. Hay casos de
temas muy concretos, donde con unas pocas sesiones
es suficiente, y otros (la mayoría), donde
por los cambios que se quieren asumir el proceso
dura varios meses.
De todas formas, a final es el coachee ( la persona
que recibe el coaching) es el que delimita el
que delimita la duración del coaching
y el que decide siempre cuando acabarlo.
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