En
terapia se suele partir de la premisa
de que la persona o está enferma o tiene
un problema que solucionar. En coaching
se parte de la firme creencia de que la persona
está sana, en plenitud (aunque no sea consciente
de ello) y con múltiples recursos. Nuestra
misión es favorecer que la persona saque
a la luz todo el potencial que lleva dentro, para
alcanzar su objetivo. Es una orientación
hacia la acción y hacia el futuro deseado.
En terapia se aconsejan y prescriben
los pasos a dar, y se indican los caminos que
el paciente debe hollar, a veces incluso en contra
de la voluntad del mismo.
En
coaching, es la propia persona la que
marca su rumbo, y el coach lo que hace con sus
preguntas y su actitud de acompañar es
facilitar el alumbrar ese rumbo. Y es la propia
persona la que va probando, la que decide por
ella misma y la que va modificando ese rumbo o
esas acciones si no se obtienen los resultados
esperados.
Y
en definitiva,
en terapia la pregunta que se suele hacer más
frecuentemente es “¿Por qué?”.
En coaching hacemos otra pregunta que define nuestra
filosofía: “¿Por
qué no?”. |