Probablemente
hayas oido hablar o conozcas este término.
La Inteligencia
Emocional no es nada nuevo, pero Daniel Goleman,
un mago del marketing y de saber venderse, además
de profesor de psicología en Harvard y
redactor científico del “New
Cork Times”, publicó en
los 90 su libero “Inteligencia Emocional”.
Esto puede decirse que marca un antes y un después
en la visión que el hombre tiene de sí
mismo y de sus capacidades. Hasta ese momento,
pocos investigadores habían percibido la
enorme importancia para el desarrollo integral
del ser humano que tienen las emociones.
El caso es que
hasta hace unos años se medía el
nivel de inteligencia solo a través del
C.I. (coeficiente intelectual).
Si éste era más alto, la persona
era más valorada. Pero lo que se descubrió
más tarde a partir de múltiples
investigaciones es que el C.I. no era sinónimo
de éxito. De hecho, en una sociedad como
la nuestra, el control emocional, la empatía
y el manejo de las relaciones sociales son fundamentales.
Hasta tal punto,
que según Goleman “estas cualidades
son responsables en un 80% del éxito afectivo,
social y laboral de una persona, en tanto que
al C.I. sólo le correspondería un
20%” (yo diría que incluso menos).
Y aquí
se englobaría el típico caso de
una persona muy inteligente, que no ha triunfado
en su vida, y otros que nos lo parecen menos,
y su vida es un éxito (a todos los niveles).
¿Te suena algún caso de estos?
La definición
de la Inteligencia Emocional más o menos
podríamos dejarla así:
“Sentir, entender, controlar y modificar
estados anímicos propios y también
ajenos (sin manipular. Esto es como todo. Quien
quiera usarlo mal, lo hará).
¿Y
cuales son sus habilidades prácticas?
5 son las básicas,
clasificadas de dos maneras:
1.
Las internas o inteligencia intrapersonal, y que
se refieren al autoconocimiento.
2. Las
externas, de relaciones entre las personas.
Las que se refieren
al autoconocimiento son 3:
a.
Autoconciencia: capacidad de saber que está
pasando dentro de uno y qué sentimos.
b. Control
emocional: Saber regular la manifestación
de una emoción y/o modificar un estado
anímico y su exteriorización, cuando
este estado sea limitante. Por ejemplo, perder
la paciencia o tener un ataque de ira.
c. La capacidad
de motivarse a uno mismo sin depender de otros,
y saber motivar a los demás.
En cuanto a las
externas o de relación, nos encontramos
dos básicas:
a.
La empatía: entender que están sintiendo
otras personas, y saber percibir desde su punto
de vista.
b. Las
habilidades sociales: Aquellas que se orientan
al:
- liderazgo
- la eficacia y organización personal
- La capacidad de persuasión
- El trabajar en equipo
- Saber negociar y resolver conflictos
Al final, de lo
que se trata es de no pagar el coste del éxito
con nuestra propia calidad de vida o con nuestra
satisfacción personal (Que es lo que hemos
hecho y seguimos haciendo muy a menudo. Pagamos
un precio muy alto. ¿Cuánto estás
pagando tú hoy?)
Casi todos concebimos
que tener éxito implica un equilibrio en
nuestra realización personal, tomando en
cuenta areas de nuestra vida como salud, trabajo,
familia, sociedad, afecto...
En definitiva,
una vida equilibrada que no se puede alcanzar
sin un buen grado de Inteligencia Emocional, y
que sí podríamos definir como exitosa.
¿En qué medida eres inteligente
emocionalmente? ¿Cómo está
afectando esto a tu vida?